Aunque en esta oportunidad, no se les condenará si se mueren de envidia!
jueves, agosto 05, 2010
lunes, agosto 02, 2010
El cartero tocó a mi puerta...
...y me trajo dos libros. Finalmente estoy en presencia de las "Estranhas Criaturas", dedicado y enviado por el autor desde su tierra natal. ¡No puedo ser más feliz!
sábado, julio 31, 2010
miércoles, julio 28, 2010
Lujuria
Hoy me desperté con los dos amantes que me desvelaron: Antologías de Juana de América y El Último Encuentro de Márai. Vestigios de una orgía de letras, manos, ojos y hojas.
Anónimo
(Del gr. ἀνώνυμος, sin nombre).
1. adj. Dicho de una obra o de un escrito: Que no lleva el nombre de su autor. U. t. c. s.
2. adj. Dicho de un autor: Cuyo nombre se desconoce. U. t. c. s. m.
3. adj. Com. Dicho de una compañía o de una sociedad: Que se forma por acciones, con responsabilidad circunscrita al capital que estas representan.
4. m. Carta o papel sin firma en que, por lo común, se dice algo ofensivo o desagradable.
5. m. Secreto del autor que oculta su nombre.
En cualquiera de las acepciones un anónimo es un cobarde.
martes, julio 27, 2010
37 años
Relaciones fraternas irremediablemente rotas,
padre enterrado pero siempre presente,
corazón recompuesto y permanentemente desconfiado,
madre anciana pero fuerte y sana,
sobrinos de todas las edades que llenan de amor el vacío de la ausencia de un hijo propio,
amigas adorables, inteligentes, sensibles, compañeras...que ayudan a sobrellevar el vacío de la ausencia de una hermana,
gata negra, pero sin plantas y con el sillón hecho trizas,
música acompañando todas las sensaciones,
olor a comida casera en las noches de invierno,
cada verano en la playa,
Aripuca, lugar de refugio y sanación, de amor verdadero que rompe límites, de perros y gato siamés, de san antonios y sueños agradables,
agradable descanso en el camino sin retorno a la locura,
vista al mar desde el decimoquinto piso,
certeza de las cosas bien hechas,
futuro extraordinario.
martes, julio 13, 2010
Insuperable texto de Henrique Fialho (Mentiras útiles)
"Obviamente, es mucho más soportable creer lo contrario, la posibilidad de vida después de la muerte, la vida eterna, la extensión de la existencia a través de la (re) creación, pariendo, dando a luz, desenredando los monstruosos ovillos de las fantasmagorías personales. Es mucho más reconfortante juzgar que andamos aquí por alguna razón, ni siquiera a sabiendas de que, incluso partiendo solamente del principio de que ella existirá en las alas o en el fondo de la bolsa de la conciencia. Está mucho más al servicio de una supuesta e legítimamente ansiada felicidad la fe en cualquier razón que no sólo pase a través de esto: estamos aquí por casualidad, somos apenas uno entre millones, bajo un cielo inmensamente estrellado en un espacio infinito de galaxias paralelas que nos transforman en simples microbios de una Naturaleza en funcionamiento. Dado esto, ¿dónde encontrar el estímulo para la vida? "Thoreau todavía podía confiar en el bosque de Walden ─ pero ¿dónde está hoy el bosque en el que el ser humano pueda demostrar que puede vivir libre y no está limitado por los rígidos moldes de la sociedad?" (Stig Dagerman, Nuestra necesidad de consuelo es imposible de satisfacer)."
Todo el texto aquí
Rompiendo cadenas a lo Henrique Fialho
"No nos liberaremos de la cueva en la que vivimos atrapados, porque, de hecho, vivimos atrapados en una cueva, si invertimos apenas en el conocimiento de ese proceso que va desde la proyección de la luz a la proyección de sombras. En primer lugar, hay que invertir en la destrucción de las cadenas que nos atan a las paredes de la cueva. Hay que invertir en nuestra propia libertad y autonomía. Una de estas cadenas parece ser, por supuesto, la ilusión de que hay algo que aprender más allá de lo estrictamente necesario y reconocible toque de las cosas. La idea / esencia, el númeno, es la primera de las mentiras útiles que la futilidad de las obras debe cuestionar, pues ninguna realidad existe si no es en la confrontación con el sujeto que la vuelve objeto. Dada la inminencia de la muerte, aún se ve ridículo que perdamos tanto tiempo con el fantasma de la verdad. El fenómeno está ahí delante de los ojos de todos: las arrugas, la flacidez, las manchas de la piel, la corrosión y el descuido, la lengua manchada de grasa de las botas. Gente envejecida por la tierra con su cuerpo empapado con productos químicos. ¿Para qué? ¿Para envenenar a los gusanos cuando les sirvan de alimento?"
Todo el texto aquí.
Escupiendo verdades en la cara...
Sugiero leer el impredible artículo sobre "Mentiras útiles" de Henrigue Fialho.Todo el texto en el idioma del autor aquí: Mentiras úteis
"Recientemente escuché a Ursula Rucker decir en una entrevista, que la gente soporta mejor la mentira que la verdad. A esta idea subyace la convicción de que la verdad es cruel y la mentira suave, por lo que es mucho más llevadera, agradable, práctica y conveniente. Yo también pensaba así, hasta concluir que toda verdad es una mentira y que toda mentira es un error y que, a la vieja usanza cartesiana, cualquier error se combate con la claridad de las ideas. Lo que la gente no soporta es la claridad de las ideas, los rostros sin máscaras. Prefieren maquillar el mundo, como maquillan las caras. Prefieren engañar las arrugas, la flacidez, las manchas de la piel, la corrosión y la destrucción con sus cosméticos, ropa nueva, joyas, marcas. Masajean el cuerpo con la esperanza que el alma se deje engañar. Desengañarse implica envejecer más rápido. Nadie quiere envejecer más rápidamente. Es mejor permanecer joven, abierto al mundo, a las novedades, es preferible mantenerse nuevo, incluso si esto significa un insoportable infantilismo de comportamientos. Escucho decir tantas veces: es un joven, tiene el espíritu muy abierto. Sin embargo, no he tenido la oportunidad de conocer gente más conservadora, cerrada, prejuiciosa, arrogante y convencida de sí misma que los muchos jóvenes con quienes fui conviviendo a lo largo del tiempo.
miércoles, julio 07, 2010
Sobredosis de fútbol y optimismo
De pronto me vienen las ganas de ser absolutamente honesta y escribir esto: las personas optimistas me desagradan sobremanera. Esas que ante las situaciones más adversas dicen con una estúpida sonrisa en los labios "siempre que llovió, paró". Una afirmación bastante infantil ya que si nunca hubiese parado, luego que empezara a llover, en vez de pulmones tendríamos branquias. Claro, seríamos peces, lo que se constituiría en un alivio porque los peces no hablan y me evitaría tener que escuchar tanta estupidez optimista diariamente.
Así es, ya no puedo más disimular, junto a los optimistas odio a los políticamente correctos, a los que votan por moda y no por convicciones, a los que se desesperan recolectando medicamentos y alimentos cuando hay un terremoto en el país más lejano y desprecian a los "mugrosos indigentes" que viven a la vuelta de la esquina. Odio a los incapaces de ver sus propias capacidades limitadas. Odio a los lindos que además de lindos son inteligentes y sensibles. Odio a los que se dicen a favor de la diversidad sexual, pero que se escandalizan ante la posibilidad del casamiento gay. A los que están contra el aborto y le pagan la mejor clínica a su amante joven para que se deshaga de la cogida sin forro. A los hipócritas que se dicen a favor de la diversidad racial y cuando un negro le pasa al costado tiene miedo que sea un ladrón, violador y degenerado. A los que creen en los estúpidos horóscopos y, por si acaso, van a misa los domingos. A los padres abusadores y golpeadores. A las madres castradoras. A los que se enlistan en las filas de la protección del derecho de los animales y tienen un perro en un apartamento de 30 m2. Odio a los avaros por estúpidos: pasan su vida ahorrando sin gastar un centavo y se mueren viejos y solos. ¡Qué estúpidos! No se dan cuenta que cuando la muerte venga no hay nada del otro lado, solamente gusanos que engordarán sus gelatinosos cuerpos con su enmagrecido ser de muerto de hambre por avaricia. Odio a los que se sientan horas frente a un televisor viendo mierda. Odio a los que miran los programas de chimentos, a los que miran Tinelli y desprecian a viva voz los canales culturales porque son aburridos. A los que siendo alfabetizados nunca se propusieron leer un buen libro. A los que eligiendo leer, digieren la mierda escrita por Paulo Coelho y se saben sus ridículas frases de memoria.Odio a los hipócritas, optimistas, avaros, racistas, clasistas, lindos, ignorantes, golpeadores, abusadores, castradores, farsantes y a los 6 mil millones de directores técnicos distribuidos por este estúpido mundo.
Encore une fois, Henrique Fialho
O teu mal é não teres feito da cabeça uma tarola, é andares a bater com uma mão no peito e outra nas coxas quando devias antes bater com as duas mãos na cabeça. Se o fizesses, perceberias que lá dentro nada, um vazio, um oco, um baque, uma cova à espera do caixão, à espera do corpo que vai a enterrar.
Mucho más aquí: Garagem, de Henrique Fialho
viernes, junio 18, 2010
Epitafio: Aquí yace José Saramago, en discordia
Un hombre si se quiere áspero, que no era cándido ni ingenuo y sabía defenderse cuando alguien le tiraba un cacho de banana para que resbalara o hiciera alguna declaración pública inoportuna. Era un hombre de sarcasmo en ese sentido, pero en el trato cotidiano era de una increíble ternura”, contó. “Él decía que en el epitafio había que ponerle: aquí yace José Saramago en discordia" (Tomás de Mattos)
miércoles, junio 16, 2010
Esto, Fernando Pessoa
Dicen que pretendo o miento
En cuanto escribo. No hay tal cosa.
Simplemente
Siento imaginando.
No uso las cuerdas del corazón.
Todo cuanto sueño o pierdo,
Que pronto cae o muere en mí,
Es como una terraza que mira
Hacia otra cosa más allá.
Esa cosa me arrastra.
Y así escribo en medio
De las cosas no junto a mis pies,
Libre de mi propia confusión,
preocupado por cuanto no es.
Sentir? Dejemos al lector sentir!
viernes, junio 04, 2010
El hombre muerto, Horacio Quiroga
"El hombre intentó mover la cabeza en vano. Echó una mirada de reojo a la empuñadura del machete, húmeda aún del sudor de su mano. Apreció mentalmente la extensión y la trayectoria del machete dentro de su vientre, y adquirió fría, matemática e inexorable, la seguridad de que acababa de llegar al término de su existencia. La muerte. En el transcurso de la vida se piensa muchas veces en que un día, tras años, meses, semanas y días preparatorios, llegaremos a nuestro turno al umbral de la muerte. Es la ley fatal, aceptada y prevista; tanto, que solemos dejarnos llevar placenteramente por la imaginación a ese momento, supremo entre todos, en que lanzamos el último suspiro. Pero entre el instante actual y esa postrera expiración, ¡qué de sueños, trastornos, esperanzas y dramas presumimos en nuestra vida! ¡Qué nos reserva aún esta existencia llena de vigor, antes de su eliminación del escenario humano! Es éste el consuelo, el placer y la razón de nuestras divagaciones mortuorias: ¡Tan lejos está la muerte, y tan imprevisto lo que debemos vivir aún! ¿Aún...?
No han pasado dos segundos: el sol está exactamente a la misma altura; las sombras no han avanzado un milímetro. Bruscamente, acaban de resolverse para el hombre tendido las divagaciones a largo plazo: se está muriendo. Muerto. Puede considerarse muerto en su cómoda postura. Pero el hombre abre los ojos y mira. ¿Qué tiempo ha pasado? ¿Qué cataclismo ha sobrevivido en el mundo? ¿Qué trastorno de la naturaleza trasuda el horrible acontecimiento?
Va a morir. Fría, fatal e ineludiblemente, va a morir.
El hombre resiste -¡es tan imprevisto ese horror!- y piensa: es una pesadilla; ¡esto es! ¿Qué ha cambiado? Nada. Y mira: ¿no es acaso ese el bananal? ¿No viene todas las mañanas a limpiarlo? ¿Quién lo conoce como él? Ve perfectamente el bananal, muy raleado, y las anchas hojas desnudas al sol. Allí están, muy cerca, deshilachadas por el viento. Pero ahora no se mueven... Es la calma del mediodía; pero deben ser las doce. Por entre los bananos, allá arriba, el hombre ve desde el duro suelo el techo rojo de su casa. A la izquierda entrevé el monte y la capuera de canelas. No alcanza a ver más, pero sabe muy bien que a sus espaldas está el camino al puerto nuevo; y que en la dirección de su cabeza, allá abajo, yace en el fondo del valle el Paraná dormido como un lago. Todo, todo exactamente como siempre; el sol de fuego, el aire vibrante y solitario, los bananos inmóviles, el alambrado de postes muy gruesos y altos que pronto tendrá que cambiar..."
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